La mayoría de las personas mencionan la palabra karma como una pronunciación más de sus diálogos. Pero causa y efecto no es ninguna cosa que se pueda tomar a la ligera.
El karma ayuda a mejorar la vida de todos. Crea una conciencia al considerar que todo lo que se haga en la vida se devolverá con la misma fuerza con que fue hecho. Como un bumerang todo volverá. De manera que lo mejor es comportarse correctamente para que lo que se devuelva sea lo mejor.
Las acciones que el cuerpo ejecuta, las palabras que se pronuncian podrían llamarse la causa y el efecto todas las experiencias vividas.
¿Quién quiere sufrir entonces por un largo trecho de sus vidas? Nadie, según entendemos. A mayor felicidad queramos obtener mejor debemos comportarnos para recobrar eso de vuelta.
Esta ley de vida es infalible. Y todos y cada uno de nosotros estamos sometidos a ella. Muchas veces se pone en duda porque pasa mucho tiempo desde que hicimos algo malo, pero de que llegará es seguro.
Lo que genera el karma
Cada acción positiva que se realiza genera un mérito mientras que cualquier acción negativa significará un pecado y creará infelicidad.
La teoría del karma apoya que nuestros destinos están predeterminados. La familia en la que nacemos, la persona con que nos casaremos, los hijos que tendremos, en fin, la vida que llevaremos.
Durante el día, con las actuaciones que tengamos se irán saldando cuentas de vidas anteriores creando una nueva, una en donde tal vez las cosas salgan mejor, todo dependerá de nuestros comportamientos.
Lo cierto es que mientras se saldan las cuentas de vidas anteriores se van creando cuentas karmicas nuevas, así que por lo visto, esto nos e acabará todavía.
Lo que lograría hacer la diferencia son las buenas acciones que se tengan a bien realizar en la vida presente para así recibir hondas positivas en la próxima vida.
La práctica espiritual es una buena solución para sacudirse esos pecados que trae consigo la vida mundana.
El destino según el karma
Muchas de las cosas que suceden en la vida están destinadas a pasar. Desde el nacimiento hasta el mismo núcleo familiar donde nos hayamos.
Justamente en esa familia en que se nace, es el lugar óptimo para saldar las cuentas de la vida pasada y la cuenta de toma y daca es muy significativa con cada miembro familiar.
Las buenas acciones se traducen en hechos felices, el mérito que ganas se traduce en felicidad. En cambio sí realizas malas acciones serás infeliz y sufrirás, y este sufrimiento o tristeza no terminará ni pidiendo perdón. Las cosas no funcionan de esa manera.
Podríamos colocar la Ley del Karma, en el mismo plano se colocaría una Ley de Newton: “A cada acción corresponde una reacción igual o contraria”.
Si las cuentas no se pueden saldar en esta vida, saltarán a la otra, pero de alguna manera se saldarán o se seguirán arrastrando. Lo más importante es que no somos conscientes de cuáles son esas deudas generadas en vidas anteriores y muchas veces no se tiene ni idea de que hay que saldarlas.
Según esta Ley del Karma y la ciencia de espiritualidad que tiene que ver con el destino de cada uno, las personas que forman parte dela familia son a quien le rendimos cuentas, positivas o negativas de nacimientos anteriores.
Lo cierto es que debemos nacer rodeadas de ellas para poder experimentar placer o dolor, según sean las nuevas actuaciones de la vida actual.
Hacer prácticas espirituales resulta de gran ayuda. Por un lado crea un ambiente placentero en cada uno y por otro lado inclina la balanza hacia, la consideración, el perdón y la unidad.
La profundidad del karma
Pensemos que nuestros cerebros son un campo donde puede sembrarse, nuestras actuaciones con las semillas que se plantan en él.
Las semillas de las buenas acciones, de las actuaciones virtuosas darás frutos de felicidad. Las semillas de odio y de mal comportamiento darán frutos de sufrimiento, remordimiento y, sufrimiento.
Las semillas se quedan plantadas en nuestro cerebro. A veces ni recordamos en que momento las regamos, pero están ahí y van creciendo dependiendo de cuanto se riegue cada una de ellas. Para crecer una planta, recuerda que necesita las condiciones perfectas para germinar.
A su vez, desde que se siembra esta semilla hasta que crece y se madura pueden sembrarse otras semillas, inclusive pasar varias vidas para que se resultado final se cumpla.
Dependiendo de esas semillas que se sembraron en determinado momento y que crecerán para dar frutos de felicidad o de infelicidad pagaremos el tipo de cosecha.
Preguntarnos ¿por qué? Es totalmente innecesario. Recordar lo que en algún momento se sembró es mucho mejor y cortarlo de raíz, si todavía se puede sería una buena opción.
Si no es en esa vida, en la otra podría hacerse mucho mejor y comenzar por cortar arrancar los frutos y desprender la planta que fue sembrada en otra vida.
Plantas como el odio, el apego, la ignorancia y el aferro a lo material y a nosotros mismos deben de ser desprendidas, o mejor, nunca sembrarlas o mucho mejor no regarlas si por alguna razón tuvieron que ser plantadas.
De esa forma, y apartando el egoísmo, el amor propio y los engaños, las acciones se volverán cada vez más puras. Los resultados y nuevas experiencias cambiarán el próximo mundo y el cuerpo disfrutará tanto como el espíritu de las nuevas oportunidades.
Tanto como de uno como de las personas que se encuentran en nuestro entorno será la victoria. No quedará, a nuestro alrededor, ningún rastro de sufrimiento pues las impurezas fueron desechadas al igual que tantas dificultades que fueron obstáculos en el cumplimiento de los cometidos.
El espíritu se sentirá feliz al igual que la mente, pues la razón de infelicidad habrá desaparecido y en cada una de las vidas posteriores todo irá mejorando, hasta conseguir con éxito completo donde no tengan que sembrarse nunca más malignas ideas que perjudiquen nuestro karma.

